EL SONETO DEL HAMBRE

Era un lóbrego día en que me hallaba
pensando en un rincón, pues parecía
que la vida que entonces yo tenía,
poco a poco algo extraño la agotaba.

Pregúntele al ocaso qué pasaba,
mientras este soneto yo escribía.
Respondió: que un terceto me diría
si acaso con paciencia lo esperaba.

¡Llegó al fin el terceto que quería!
y con él una voz tan misteriosa,
diciendo que era el “hambre que tenía...”

Volví a interrogar: ¿Quizá otra cosa?
y fue ésta la respuesta que yo oía:
“Para el poeta, la comida es prosa...”





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